¿Cuántos quisiéramos que esto pasará ya?

Ojalá todos cuando regresemos a la “normalidad” seamos mejores personas y reorientemos nuestras prioridades.

El siguiente comentario está basado en un tema de Dante Gebel.

Con el coronavirus Dios está tratando de enseñarnos una lección. Este virus nos está estrujando, y hasta que eso pase, podremos absorber nuevas cosas.

Hay propósito detrás de esta pandemia, detrás de la adversidad. ¿Cuántos quisiéramos que esto pasará ya?, pero cuando Dios no remueve la espina es porque hay un propósito.

¿Entonces cuál es el propósito? No se sabe, pero es para bien, porque todo obra para bien, -para eso hay que orar- porque ni se sabe si pasará pronto o no. Solo Dios sabe. Por eso tenemos que pedir sabiduría, porque hasta la adversidad puede ser un regalo de Dios.

Así que se puede poner fea o más fea la cosa, pero “bástanos la gracias de Dios”.

Si esta pandemia fuera una poda, la poda de Dios no es un castigo, es para hacer nuevo espacio a una nueva cosecha. Él poda las ramas que dan fruto.

Ahora hay equidad con este virus, igual para millonarios que para personas que viven debajo de los puentes, para latinos y anglosajones, para asiáticos y europeos; por ello, el proceso con Dios es personalizado.

Cuando Dios te quita algo es porque hace espacio para algo nuevo. La vida no es gratis, hay que pagarla.

Muchos ahora están tocado fondo o tocarán fondo, pues ahí está Dios como roca eterna que te levanta. Tendremos que abrir los ojos a nuevas oportunidades, si creemos que hemos leído o que sabemos de Dios, tendremos que leer la Biblia con nuevos ojos.

Cuando todo esto pase, sabremos cuál fue el propósito; que Dios nos ayude a comprender para que no haya sido en vano.

En este Domingo de Resurrección abramos nuestra mente y corazón al grito de victoria que Jesús tuvo sobre la muerte.

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