Una novela sin fin

Columna del sábado 24 de junio de 2006

César Pérez Méndez
VERITAS

Era muy enamorado. Por esa época tenía dos novias, ambas eran muy bonitas y agradables. Son confesiones de la mamá del protagonista.
Nadie sabía de esos amores. Cada una lo quería mucho, hasta ese entonces, se pudieron dar cuenta que él, era verdaderamente amado. El actor principal tiene nombre, no es ficticio ni dictado por un guión, es propio; se llama Joaquín Rodas Andrade, de 23 años.
Cuando llegó a mis manos la novela “El Cristo del Secuestro” tenía dos actividades simultáneas en agenda, opté por ninguna, el nombre de la publicación me obligó iniciar su exploración; el interesante relató me llevó esa misma noche a concluir su lectura.
Acepto que difícilmente me quebranta un relato, esta vez, me conmovió los detalles del secuestro del universitario Rodas Andrade, ocurrido hace 21 años con tres meses y 21 días.
La novela va más allá de ser un aporte a la literatura guatemalteca, es impresionante conocer el diario de la madre de la víctima, Elizabeth Andrade de Rodas. En sus líneas me pareció encontrar un desahogo, donde rompe el silenció y se atreve a confesar intimidades de su hijo, desde el día que fue tragado por la represión que por la década de los ochenta se vivía en el país, de la que no escapó Quetzaltenango.
Habla de los gustos de Joaquín, de sus amores desconocidos; fue hasta esos amargos días que las chicas llegaban a diferente hora. Una de ellas se llamaba María Elizabeth y la otra, Patricia. Esos amores siguen esperando.
El caso del estudiante de Agronomía, del Centro Universitario de Occidente, CUNOC, está íntegramente detallado, según la autora, lo recuerda claramente, como si fuera ayer.
Ese sábado 2 de marzo de 1985, a Joaquín le habían preparado el bistec de hígado y papas fritas, su comida favorita, pero jamás regresó. En ese entonces, la familia quetzalteca Rodas Andrade ignoraba que iniciaba un calvario sin misericordia a través de los años.
La mamá sólo quería que el Ejército le devolviera a su hijo, sano y salvo. Se arrodilló y suplicó a los jefes castrenses, pero nadie supo aclarar el paradero del universitario que se identificaba con los desposeídos.
Si algo tiene claro la escritora, es que la esperanza no muere; “Creo que Joaquín está vivó y que algún día si Dios quiere, regresará”. Ese capítulo de la novela todavía no está escrito.

PUNTO FINAL. “El Cristo del Secuestro”, porque entre las penitencias de Elizabeth Andrade, por el regreso de su hijo, estuvo construir una capilla que hoy tiene a un Cristo, a quien ella llama “El Cristo del Secuestro”.

Ronaldinho embajador

Columna del sábado 10 de junio de 2006

César Pérez Méndez
VERITAS

Va más allá de pasión y fanatismo, pero no todos pueden vivir del fútbol. Ahora mismo, el mejor jugador del mundo está combatiendo el peor problema del planeta: la desnutrición infantil.
Ayer que inició la fiesta más grande del fútbol, Naciones Unidas recordó que en la cita mundialista tienen un aliado, Ronaldinho, quien oficialmente figura como Embajador contra el Hambre.
El seleccionado brasileño Ronaldinho, gracias a su fama y estatus de celebridad lucha contra el hambre infantil y apoya el trabajo del Programa Mundial de Alimentos, PMA, de las Naciones Unidas.
Entonces, el Mundial de Fútbol Alemania 2006 es ideal para recordar a todos que muchos sufren silenciosamente a causa del hambre. Bajo ese sombrío panorama, se ha lanzado un anuncio de servicio público en donde el astro carioca nos dice que no todos los seres humanos pueden vivir del fútbol.
Ronaldinho es embajador de Naciones Unidas porque se lo merece, a su fama hay que agregarle su calidad humana y, esto último, me atrevo a decirlo porque sin trabas admite haber crecido con niños muy pobres. “He visto las consecuencias del hambre y fui afortunado ya que el fútbol sacó a mi familia de la pobreza. Ahora quiero ayudar a rescatar a otros niños que no son tan afortunados”, expresó Ronaldinho.
“Espero que como un niño proveniente de una familia humilde que ha logrado materializar sus sueños, yo pueda inspirar a otros niños que están luchando para escapar de la pobreza y del hambre. Pero no sólo eso, yo espero que la fama que disfruto se traduzca en que pueda llamar la atención sobre el sufrimiento de los más necesitados”, manifestó el jugador durante su lanzamiento como embajador.
He tomado las palabras textuales de Ronaldinho porque las considero su verdad, emanada de sus vivencias. Nadie más puede comprender una situación si no la ha experimentado en carne propia. Del hambre huyó el mejor futbolista del mundo, ahora voltea a ver y se quiere convertir en un rescatista de ese tormento sigiloso, del que no escapa América Latina, en donde uno de cada seis niños menores de seis años sufre de desnutrición crónica y retardo del crecimiento.
El hambre y sus enfermedades relacionadas cobran la vida de un niño cada cinco segundos en el mundo: más de seis millones al año; como para no preocuparse.

PUNTO FINAL. Al escritor Rodrigo Pérez Nieves, por la bienvenida al ruedo, por los e-mail y las llamadas telefónicas, gracias amigos y amigas. A los que no les agradé, igual, me tuvieron que leer, así que garbos también.